Adrián Almazán | Miembro de Ekologistak Martxan

«La digitalización es uno más de los vectores de destructividad»

talaia12 adrian almazanAdrián Almazán es licenciado en Física y doctor en Filosofía por la UAM. Forma parte de Ekologistak Martxan, donde es co-coordinador del área de Digitalización y CEM. Además, es miembro del colectivo La Torna

 

La digitalización y la ecología son dos conceptos estrechamente unidos en el sentido común general, debido a que la primera se plantea como solución al problema climático. ¿Compartes esta visión?

No, y trataré de explicar en qué sentido no lo comparto.

Un primer aspecto es que hemos venido hablando mucho de la emergencia climática. No obstante, los problemas a los que nos enfrentamos no se reducen al cambio climático. Desde Ecologistas en Acción a nivel confederal, y desde Ekologistak Martxan en el ámbito de Euskal Herria, llevamos tiempo alertando de que nos encontramos más bien en una crisis eco-social global. Es decir, ecológica pero también social. Problemas como el cambio climático, la crisis energética o la pérdida de biodiversidad se suelen entender como problemas exclusivamente ecológicos, pero en realidad son también problemas sociales. Podríamos decir que son el síntoma de una enfermedad, y que dicha enfermedad es el capitalismo. Por tanto, pensar en soluciones a esa crisis eco-social global es mucho más complicado que pensar únicamente en soluciones para el cambio climático.

En esa discusión restringida sobre las posibles soluciones ha habido varias palabras que se han convertido en auténticos fetiches: descarbonización, eficiencia o desacoplamiento, entre otras. Y se ha instalado en la razón común que hay soluciones técnicas para el cambio climático, es decir, que podemos dar una solución tecnológica, mediante la sustitución energética (vía renovables) o con la reducción del consumo gracias a la eficiencia, una vía para la que lo digital suele adquirir mucha centralidad. Utilizamos la digitalización porque, según las voces dominantes, es una forma de aumentar la eficiencia de los procesos productivos. Claro, en ese discurso hegemónico lo que subyace es la idea de que podemos cambiarlo todo manteniéndolo todo igual. En definitiva, que podemos seguir siendo sociedades estatistas, capitalistas, desiguales, coloniales, patriarcales, etc…. pero hacer un cambio técnico y con él atajar para siempre la emergencia climática. Yo creo que ese es un relato falso.

El capitalismo industrial es lo que está detrás de esa gran devastación que ha generado esta crisis eco-social

El capitalismo industrial es lo que está detrás de esa gran devastación que ha generado esta crisis eco-social. Y la digitalización da continuidad a ese proceso, por lo que no es sino uno más de los vectores de destructividad. Y lo es porque ha permitido que ese capitalismo industrial siguiera globalizándose, extendiéndose. Sin Internet, sin la informática, la estructuración de la producción a nivel planetario que ha caracterizado la globalización de las últimas décadas hubiera sido imposible. Por lo tanto, existe una correlación entre destructividad ecológica y digitalización tanto extrínseca como intrínseca, es decir, la propia huella ecológica vinculada al sector de las TIC.

 

Al hablar de internet se nos vienen a la cabeza conceptos como nube y vinculamos estos a términos como desmaterialización. Pero, ¿de qué hablamos realmente cuando hablamos de internet (en términos materiales)?

Hay un error profundo en entender Internet como una inmaterialidad. Es todo lo contrario. Internet es una infraestructura industrial. De hecho, por su ambición y extensión geográfica, probablemente sea la infraestructura más grande jamás construida. Fundamentalmente es un conjunto de cables submarinos, casi cuatrocientos, que se conectan a lo que se llaman servidores. Un servidor no es más que un ordenador funcionando 24 horas al día. A ello se le suman ahora un conjunto de satélites, que son los que permiten una conectividad ampliada. Todo eso se acopla a toda la red de interfaces, que es lo que solemos tener nosotros más a mano: nuestros ordenadores, tablets, o teléfonos móviles. Esa red tiene un enorme requerimiento energético. El grueso de esa energía se utiliza en la producción de todos esos dispositivos, pero también hay una parte importante que se consume para la refrigeración de los servidores. Servidores que viven un crecimiento exponencial. Al fin y al cabo, todo lo que está en la nube está guardado en esos equipos.

Geopolíticamente, el mapa de las conexiones es muy interesante, porque se reproducen y perciben ciertas desigualdades norte-sur. Hay otro problema asociado, que es la cuestión de la titularidad y la forma de despliegue de esa red. Si inicialmente fue estatal, o hubo una serie de inversiones estatales, después se inició una dinámica de privatización, y ahora son los propios gigantes de la telecomunicación los que son los titulares de la infraestructura. Somos dependientes de algo que no tenemos capacidad de controlar o de auditar.

 

Se plantea que la salida a la crisis climática pasa por la transformación del modelo productivo, transitando del actual hacia uno más verde y digital. Pero ese camino está lleno de obstáculos. Uno de los principales problemas sería el energético.
Uno de los componentes de esa crisis eco-social global de la que hablábamos es la crisis energética. Nos encontramos en crisis en tanto que nuestra fuente de energía principal, el petróleo, ha entrado en un declive imparable. Hemos superado ya el pico del petróleo convencional y no estamos lejos de alcanzar el pico global. Y no parece que sea posible mantener el mismo nivel de consumo energético usando energías renovables (porque hay sectores que no utilizan electricidad, por sus características bio-geo-físicas, porque funciona como flujo…). La conclusión que extraemos de todo ello es que en las décadas por venir nos vamos a enfrentar a la reducción de nuestro acceso a energía y materiales.

Existe una correlación entre destructividad ecológica y digitalización

Por lo que seguir apostando por una infraestructura de alta tecnología que es muy dependiente de esa energía abundante y barata es un error. Deberíamos de apostar por energías realmente renovables, la producción de energía directa, de energía mecánica, y por la no dependencia de esas producciones de alta tecnología.

 

Uno de los objetivos que se perseguiría mediante la digitalización del modelo productivo sería el de la descarbonización. Algunos sostenéis que la digitalización, más que una vía en favor de la descarbonización, es una vía que ahonda en el problema.
Hay un olvido al hablar de estos temas, y es que aproximadamente el 80% de la energía asociada a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) se consume en el sector de la producción. Y claro, cuando hablamos de producción hablamos de extracción, de minería, de transporte, de manufactura… y todos esos ámbitos están profundamente no-descarbonizados. Entonces, ¿en términos absolutos se puede decir que la digitalización es incompatible con la descarbonización? No lo sé. Quizá no en términos absolutos. Pero en términos concretos, a día de hoy, está claro que un aumento de la digitalización supone un aumento de las emisiones. Eso es así.

 

La mayoría de los nuevos dispositivos de telecomunicación, las infraestructuras para las energías renovables, las baterías de los coches eléctricos… necesitan de minerales cada vez más escasos y de difícil acceso.

Por su ambición y extensión geográfica, Internet probablemente sea la infraestructura más grande jamás construida

Muchos de esos materiales, que son cruciales, el galio, el tantalio, el litio… tienen a los actuales niveles de extracción una vida de apenas unas décadas. Es decir, estamos dependiendo de toda una infraestructura que tiene una vida útil, en el mejor de los casos, de unas pocas décadas. Y, sobre todo, muchos son materiales socialmente nocivos en cuanto están sujetos a dinámicas de extractivismo y a una conflictividad grande. Es imposible tener los dispositivos que tenemos sin consumir grandes cantidades de litio, sin reservas de cobre, sin el acceso al coltán, del mineral tantalio… Y ahí se vinculan la conflictividad en el Congo con el acceso a ese coltán, conflictos como el de Bolivia con el hecho de que allí están las reservas de litio, parte de la conflictividad chilena con el acceso a reservas de cobre, las tierras raras y su casi-monopolio por parte de China… Hay un nuevo marco geopolítico vinculado a esos materiales, que va a ser políticamente determinante.

La Unión Europea no tiene acceso a casi ninguno ellos, y ya tiene directrices que marcan cuáles son los más delicados, los más sensibles, con quién tenemos que aliarnos geopolíticamente para acceder a ellos…

 

Teniendo en cuenta todo lo dicho parece que no es muy realista fiar la salida a la crisis climática a la digitalización. Si esto no es posible, ¿cuál sería la alternativa?

La crisis eco-social a la que nos enfrentamos tiene muchas aristas, por lo que hay que huir de las soluciones mágicas. Eso es muy importante. Huir de los tecnofetichismos, de la idea de que hay una sola cosa que lo va a solucionar todo. La digitalización, por ejemplo. Estamos hablando de siglos de capitalismo, de patriarcado, de desigualdad norte-sur, de extractivismo… No hay ninguna solución técnica para eso. Necesitamos una transformación social y política profunda. Eso es lo primero. Y eso pasa por una reorganización económica. Para nosotros es evidente que esas transformaciones tienen que ir en la dirección de escenarios de decrecimiento anticapitalista.

Nos vamos a enfrentar a la reducción de nuestro acceso a energía y materiales

Estos serían los elementos clave de esa reorganización: Primero, dar mucha más centralidad al trabajo de cuidados, ampliar la noción de trabajo para que vaya más allá del empleo, entender que es crucial el trabajo de sostenimiento de la vida, que tiene que valorarse y repartirse equitativamente. Por otro lado, asumir que nuestra organización económica sólo ha sido posible durante las últimas décadas por una abundancia de energía, barata y accesible. Por eso tenemos que pensar en cómo reorganizar nuestras vidas. Para nosotros la cosa va de ir hacia tecnologías más sencillas. Que no sean dependientes de todo ese metabolismo fósil. Eliminemos toda la producción que no sea necesaria. Re-localicemos. Vayamos a una economía circular (más bien sería en espiral). Y, subvirtamos las relaciones económicas capitalistas y la dependencia del estado para construir autonomía material, política e individual. Porque si seguimos atados al imperativo del crecimiento, no podremos hacer nada, vamos a seguir teniendo la destructividad ampliada que implica la reproducción ampliada del capital. Necesitamos organizar otro tipo de economías y, en general, de formas de vida. Economías feministas, las economías sociales y solidarias, cooperativas, producción comunitaria, etc. Si realmente queremos hacer frente a la crisis eco-social, es todo un sistema el que hay que cambiar.

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