Nicola Scherer | Investigadora del ODG

Fondos europeos NextGenerationEU para la digitalización de la economía productiva

talaia12 nicola schererNicola Scherer es investigadora del Observatori del Deute en la Globalització (ODG) twitter ikonoa @NicolaKSch
 

¿Hacia dónde vamos y qué necesitamos?

Desde que Pedro Sánchez presentó a Bruselas en junio del 2021 el ‘Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. España Puede’ para obtener los fondos europeos NextGenerationEU, vemos una tendencia clara de empresas transnacionales tecnológicas que se instalan en el territorio español para abrir oportunidades de negocios. La noticia más reciente ha sido el anuncio de la empresa multilateral estadounidense IBM  sobre abrir tres nuevos centros de procesamiento de datos en Madrid1. También el gigante tecnológico Amazon, anunció este verano su estrategia de ampliación para el Estado español2.

No es ninguna coincidencia que las empresas extranjeras se instalen aquí en el momento  en que el Gobierno de Pedro Sanchez anuncia la inyección de 19.460 millones de euros de subvenciones a fondo perdido para procesos de digitalización, entendiendo estos como procesos de transformación de una actividad analógica a digital a través de la microelectrónica, las telecomunicaciones, la arquitectura de ordenadores, la robótica o el software; se relaciona con el big data, la inteligencia artificial o el Internet. Todo apunta a que se replica una tendencia bien conocida; las grandes empresas se quedan con un buen trozo de las ayudas publicas. Una tendencia preocupante, que hace necesario cuestionar el modelo de transformación digital que promueven el Gobierno y las instituciones Europeas a través de los fondos europeos NextGenerationEU.

Con la llegada de la primera transferencia de 9.000 millones de euros de Bruselas al Gobierno de España en julio 2021, llegó el primer desembolso de los fondos NextGenerationEU.  Es la primera parte de los 69.500 millones de euros del total que pidió Pedro Sánchez a Bruselas para financiar la recuperación post-Covid y para modernizar la economía productiva en clave verde y digital. De estos fondos, el 28% de las inversiones irán a la digitalización de la economía productiva, un porcentaje considerable.

Los fondos se están repartiendo con opacidad y con falta de transparencia

Los fondos se están repartiendo con opacidad y una falta de transparencia importante, pero lo poco que sabemos a través de la nueva pagina web del Gobierno3 es que las primeras convocatorias que salieron estaban dirigidas a la digitalización de las empresas. Es el caso del Fondo Next Tech, dotado de 2.000 millones de euros, que invertirá principalmente en fondos y empresas para el desarrollo de proyectos digitales  basados en la inteligencia artificial, el internet de las cosas, la computación en la nube o los algoritmos verdes. A día de hoy, Hacienda sigue sin haber creado el registro al que se comprometió por ley sobre los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTEs) y los ministerios siguen sin publicar los nombres de las empresas que se presentaron a las manifestaciones de interés. Dos requisitos necesarios para que la ciudadana pueda estar informada y pedir cuentas.

Ahora bien, lo que nos demuestran las tendencias actuales son que el relato sobre la digitalización como pilar fundamental de la recuperación post-COVID ya se esta materializando en inversiones concretas. El relato se basa en la  confianza ciega en que la recuperación del crecimiento económico (PIB), la mejora de la competitividad en un mundo globalizado, el cierre de las brechas sociales y de genero, la generación de empleo o la disminución de emisiones de CO2, entre otros, se pueden lograr a través de la tecnología y la digitalización de la economía productiva. Nos cuentan que así, casi (de manera automática) por arte de magia, crearemos una economía más resiliente y mejor preparada para futuras crisis, como es la de la emergencia climática.

 

¿Qué se esconde detrás del relato de la digitalización?

Primero, se digitalizan sectores sin introducir reformas estructurales. En las líneas de inversiones del plan España puede, el Gobierno propone a los sectores sociales (educación, salud, cuidados), la inversión en  la mejora de infraestructuras digitales y el equipamiento en educación (146,8 millones de euros), la inversión en equipos en salud (796 millones de euros) y en equipamientos y tecnología en cuidados (2.083,9 millones de euros). Sin embargo, ignora las problemas estructurales, como la falta de profesionales, la mejora de las condiciones laborales de las personas trabajadoras sociales, o la mejora en la atención de los colectivos más vulnerables. Durante la pandemia hemos visto la importancia de los trabajos socialmente necesarios y de la necesidad de inversión en servicios públicos de calidad, como la salud. La digitalización no resuelve estos problemas de fondo.

Se debería promover un modelo económico de producción y consumo basados la producción de proximidad, ecológico y de consumo responsable

Segundo, se invierte en la digitalización de sectores estratégicos, sin cambiar el modelo de producción y consumo. Por ejemplo, el componente 12 de Política Industrial España 2030 planea inversiones y reformas para lograr la digitalización de sectores estratégicos, con un total de 3.781,5 millones de euros, de los cuales gran parte irán al sector de la automoción, al turismo y el comercio, al sector agroalimentario y a la salud. Además, en el sector agroalimentario y pesquero (componente 3) se propone el Plan de impulso a la sostenibilidad, investigación, innovación y digitalización, dotado de 95 millones de euros. En el caso del turismo, un sector que se ha visto altamente vulnerable frente a impactos externos como la Covid-19, se dedica un componente extra (nº14) a su digitalización: unos 337 millones de euros con el objetivo de “seguir atrayendo a turistas cada vez más hiperconectados y con estancias de mayor valor añadido.” Se invierte en la digitalización de sectores mayoritariamente dirigidos a la exportación de bienes o servicios para mejorar su competencia en la economía globalizada. Aprendiendo de la pandemia, que ha mostrado la fragilidad de las cadenas de suministro globales, se debería promover un modelo económico de producción y consumo basados la producción de proximidad, ecológico y de consumo responsable.

Tercero, faltan criterios de prevenir y medir los impactos sociales y de genero de la digitalización. A nivel laboral, la digitalización y la robotización provocarán la reestructuración de plantillas. En el estudio del Foro Económico Mundial, “El futuro de los trabajos”, que se basa en la suposición de una disponibilidad infinita de recursos, se asegura que un 43% de las empresas están preparando una reducción de las plantillas por la integración tecnológica, un 41% planean las subcontrataciones de trabajo especialista y, por el contrario, solo un 34% esperan aumentar la plantilla. Para 2050, las empresas prevén la digitalización y la robotización del 47% de su plantilla. Además, el mismo estudio del Foro Económico Mundial reconoce un impacto en la división sexual del trabajo por la tipología de empleos que se están promoviendo, con una presencia porcentual mucho más baja de las mujeres en los trabajos relacionados con la digitalización. El Gobierno y las instituciones Europeas deberían ofrecen un sistema de evaluación e  indicadores para prevenir y medir los impactos sociales y de genero de la digitalización en todos sus aspectos y niveles.  

Se invierte en la digitalización de sectores estratégicos, sin cambiar el modelo de producción y consumo

Cuarto, no se aborda el problema de la escasez de los materias primas necesarias para la digitalización ni se asume la responsabilidad exterior frente a los países extractores. La propia Comisión Europea plantea en su lista de materiales críticos de 2020 que se necesitará 18 veces más litio en 2030 y 60 veces más en 2050 para implementar la estrategia europea de transformación verde y digital4. Sin embargo, el Gobierno no menciona los límites biofísicos y la escasez de los minerales necesarios para la transición digital, como el litio, el cobalto, etc. Tampoco se mencionan los graves impactos ambientales, sociales y de genero que causa el extractivismo agresivo en países extractores, por ejemplo el trabajo infantil en las minas de cobalto en la República Democrática del Congo5. Además, el almacenamiento del big data es extremadamente intensivo en necesidades energéticas y emite CO2. Hemos construido una economía de servicios que se nutre de datos que están almacenados en servidores repartidos por el mundo, lo que significa que estamos externalizando nuestro impacto ambiental y climático.

 

¿Hacia dónde vamos y hacia dónde deberíamos ir?

La estrategia de digitalización financiada con los fondos europeos NextGenerationEU, no nos va a llevar a un modelo socio-economico más resiliente. Al contrario, se trata más bien de una modernización industrial de sectores concretos, sin considerar los impactos exteriores, ambientales, sociales y de género. En vez de pensar en clave tecno-optimista, se deberían construir propuestas enfocadas en la creación de modelos socio-economicos más resilientes.

En vez de pensar en clave tecno-optimista, se deberían construir propuestas enfocadas en la creación de modelos socio-economicos más resilientes

La resiliencia es la capacidad de generar comunidades arraigadas, capaces de adaptarse a cambios y nuevas circunstancias. Querer pensar los territorios como espacios resilientes, no de manera reactiva sino con propuestas alternativas y transformadoras respecto al actual modelo, nos lleva a analizar su metabolismo diverso y heterogéneo, a pensar las diferentes relaciones, necesidades y realidades de las personas y los ecosistemas. La resiliencia implica hacer de la fragilidad, la vulnerabilidad, las dependencias y las limitaciones sistémicas una fortaleza. En pocas palabras, necesitamos un plan de resiliencia, no un plan de recuperación económica basado en las tecnologías y la digitalización.

 

 

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